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Por el pasado, al presente

La luz tenue del Bodegón Alejandro proviene de sus lámparas, su cocina y sobre todo, de la enorme imagen circular que preside las dos salas. Una lámina antigua, con una curiosa historia detrás, que nos traslada al pasado más bélico de San Sebastián, recordándonos lo que fue y en lo que se ha convertido gracias, en gran parte, a su capacidad de sobreponerse a las adversidades.

La acuarela que se expone en el Bodegón Alejandro y que ofrece una vista de 360 grados de la ciudad, fue creada en un momento en el que San Sebastián sufría las embestidas no solo de las olas del mar, sino de las guerras y el fuego. La ciudad pagó cara su ubicación estratégica y fue asediada hasta tres veces durante el primer tercio del siglo XIX. Uno de los episodios más desoladores tuvo lugar el 31 de agosto de 1813, cuando San Sebastián resultó arrasada por las tropas anglo-portuguesas tras derrotar a las tropas francesas fortificadas en el monte Urgull. Un terrible incendio que todavía hoy conmemoran los donostiarras.

El panorama que preside el Bodegón Alejandro refleja perfectamente esa personalidad estratégica de la ciudad. Y a pesar de ser pintada en la década de 1820 y por un militar británico nacido en Gibraltar, Thomas Staunton St Clair, su fin no era bélico, sino que buscaba una manera diferente y lo más fiel posible de representar la realidad.

Poco se sabe de cuál fue el recorrido de esta obra de arte, primero en las filas de la legión británica, después en manos de herederos del general, quizás también en cajones polvorientos y, finalmente, en la oficina de un marchante de arte especializado en obras hispánicas. Mientras la ciudad crecía a lo alto y a lo ancho, afrontaba cambios sociales y económicos,  aprendía de los errores y cometía otros nuevos, la acuarela viajaba. Hasta que la Diputación Foral de Gipuzkoa lo compró en Londres, en 1998. Hoy, esta obra es cuidada con esmero por el Museo Zumalakarregi de Ormaiztegi, un museo que busca acercar el siglo XIX en el País Vasco al público general y especializado.

Con un simple vistazo a la acuarela se puede apreciar el enorme cambio que ha experimentado la ciudad en los últimos siglos. Pero en su carácter se mantiene la esencia cosmopolita, una Donostia acostumbrada a recibir y acoger, a salir reforzada de sus penalidades y a aprovechar su entorno natural. Una ciudad abierta a Europa y aferrada a su mar y a su montaña.

La incógnita de la acuarela

Al panorama creado por el general Staunton le faltan dos fragmentos y una leyenda: los 39 puntos estratégicos que el original tiene distribuidos por toda su superficie. Decenas de ciudadanos participaron asesorados por la Sociedad de Ciencias Aranzadi en un juego para detectar cada uno de los puntos y para identificar también el lugar desde el que se trazó el panorama.

Entre las conclusiones, una curiosa: el panorama no se realizó desde un punto concreto, como acostumbran los autores para este tipo de obras, sino desde dos, uno de ellos en la parte baja del barrio de Aiete.

El Bodegón Alejandro tiene también su rincón para, desde las bases de la Parte Vieja, allí donde están sus inicios, poder observar el pasado de la ciudad, entender su presente e imaginar su futuro.